DERIVACIÓN A LAS UNIDADES DE DESHABITUACIÓN

En el Reino Unido se crearon las unidades de deshabituación tabáquica del Sistema Nacional de Salud con el propósito de ayudar a la población a dejar de fumar, mediante técnicas de manejo conductual eventualmente combinadas con terapia de reemplazo de nicotina (Stead 2008).

La atención psicológica únicamente se realiza en estas unidades, bien mediante atención individualizada o bien como terapia de grupo, demostrando ambas modalidades resultados positivos (West 2010). Sin embargo, no todos los fumadores quieren acudir a estas unidades por lo que es importante una primera intervención breve en los centros potenciales de derivación (Lichenstein 1992). Hay que tener en cuenta que en ocasiones se producen hasta 30 intentos hasta conseguir abandonar el tabaco, por lo que es importante el refuerzo constante por parte de los médicos, aconsejando dejar de fumar y refiriendo a las unidades de deshabituación cada vez que se tenga oportunidad (Chaiton 2016).

En 1998 en el Reino Unido se plasmaron nuevas políticas para combatir la adicción al tabaco en el Libro Blanco “Fumar mata” (DoH 1997), de tal forma que a lo largo de 2001 se fundaron a lo largo del país numerosos servicios de ayuda precursores de las unidades actuales (McNeil 2005), que demostraron ser de gran utilidad (Bauld 2003). Inicialmente, se observó un éxito menor en términos de abandono en zonas socialmente más desfavorecidas (Nagelhout 2012), pero al insistir en la publicidad y en que los profesionales sanitarios refiriesen a estos pacientes a las unidades de deshabituación, en los últimos 15 años se ha observado una mayor tasa de éxito de abandono del tabaco entre las comunidades con menor nivel socioeconómico (Chesterman 2006). Esto refleja la cultura de aprendizaje que promociona el Sistema Nacional de Salud.

FUENTES DE DERIVACIÓN

Medicina General

Se estima que un 75% de la población acude a su consulta de medicina de familia al menos una vez al año, y que las personas que fuman lo hacen con una frecuencia mayor que las que no fuman (Camarelles Guillem et al., 2009), En consecuencia, si todos los médicos de forma rutinaria ofrecieran consejo para dejar de fumar, el número de personas que lo lograrían crecería sustancialmente (Chapman 1993).

Se ha estimado que si cada médico de familia realizara el consejo sanitario – protocolizado y de forma sistemática- en las consultas de Atención Primaria se podría conseguir que hasta un 5% de las personas que consumen tabaco dejaran de fumar cada año. Esto significa que aproximadamente 500.000 personas podrían dejar de fumar en España cada año (Camarelles Guillem et al., 2009).

Los médicos pueden no querer discutir con sus pacientes sobre el hecho de fumar porque creen que ello puede perjudicar la relación médico-paciente, al resultarles molesto (Coleman 2000). Sin embargo, existe evidencia de que el consejo bien administrado incluso puede mejorar esta relación (Solberg 2001); además, al poder prescribir ayuda farmacológica se duplica la probabilidad de éxito al intentar dejar de fumar (Stead 2008). Como el médico también puede referir al paciente a las unidades de deshabituación, todo ello aumenta la tasa de éxito de abandono del tabaco, y como consecuencia refleja el beneficio de esta actuación médica. Podría decirse que cada cita que tiene un fumador con su médico sin que se realice este tipo de consejo es una oportunidad perdida para dejar de fumar (Stead 2008).

Farmacia

La farmacia comunitaria puede realizar interacciones regulares con gran número de personas sanas y enfermas. Esto ofrece una excelente oportunidad a los/las farmacéuticos/as para contribuir a la promoción de la salud y a las actividades de prevención de la enfermedad, en colaboración con los presta-dores de la atención sanitaria, en el marco de la atención farmacéutica El acceso a la Terapia de Sustitución de Nicotina (TSN) sin prescripción en nuestro país facilita su papel en la ayuda a quienes quieren dejar de fumar y solicitan apoyo (Caramelles Guillem et al., 2009).

Aunque están entrenados en la TSN y en el apoyo psicológico, tienen algunos problemas al respecto (RPS 1999, West 2000) pues creen que no tienen tiempo suficiente para dar consejo o aclarar dudas correctamente (Anderson 2003). Sin embargo, su actuación ha demostrado ser muy beneficiosa para el éxito en el abandono del hábito tabáquico (Maguire 2001), aunque obviamente la ayuda ofrecida por las unidades de referencia aumenta la probabilidad de éxito comparado con el consejo únicamente administrado por el farmacéutico

Odontología

El tabaco juega un papel importante en el desarrollo de muchas enfermedades bucodentales y hay pruebas de que el abandono del hábito de fumar produce beneficios en el estado de la salud oral. Los estudios han demostrado que los odontólogos y los higienistas dentales pueden ser eficaces en la evaluación y el asesoramiento de los usuarios de tabaco para que dejen de fumar (Warnakulasuriya et al., 2010)

La consecuencia más grave del consumo de tabaco en la cavidad oral es el aumento del riesgo de desarrollar un carcinoma oral de células escamosas. Existe una fuerte relación dosis-respuesta entre el consumo de tabaco y el desarrollo de trastornos potencialmente malignos y cáncer oral (Moreno-López et al., 2000).

El consumo de tabaco también es un factor de riesgo para la enfermedad periodontal (incluyendo el aumento de la profundidad de bolsas periodontales, la mayor pérdida de inserción y como consecuencia movilidad dental, el aumento de la pérdida dental, recesiones gingivales, mayor riesgo de fracaso de los implantes dentales, mayor riesgo de perimplantitis y peor respuesta a terapia periodontal quirúrgica y no quirúrgica (Chafee et al., 2016). El tabaco también se ha asociado con la el retaso en la cicatrización después de procedimientos de cirugía oral y un mayor riesgo de alveolitis después de exodoncias (Halabí et al., 2012). Además, el consumo de tabaco también se ha asociado con halitosis, tinción dental y de restauraciones dentales, pigmentación gingival y la disminución de del sentido del gusto (Reibel , 2013).

Existe una fuerte evidencia de que dejar de fumar produce beneficios sobre la salud oral (Warnakulasurya et al., 2010). Dejar de fumar se asocia con la posibilidad de remisión de los trastornos orales potencialmente malignos, con mejores resultados después del tratamiento periodontal y mejor estado periodontal en comparación con las personas que continúan fumando (Remseier et al., 2010).

Los equipos de salud bucodental se encuentran en una posición envidiable a la hora de poder brindar asesoramiento a los pacientes fumadores para que dejen de fumar (Gordon et al., 2009). Los programas para dejar de fumar realizados a través de las consultas odontológicas describen tasas de abandono comparables con los estudios realizados con otros profesionales sanitarios de atención primaria Watt et al., 2000). Según el último metanálisis realizado por Carr y Ebbert en 2012, las intervenciones para los usuarios de tabaco administradas por profesionales de la salud de salud bucodental pueden aumentar las probabilidades de dejar de fumar en aproximadamente un 2,5%.

Optometría

Fumar es el mayor factor de riesgo controlable en el desarrollo y progresión de la degeneración macular asociada a la edad (Thornton 2005), así como en la aparición de catarata nuclear (Kelly 2005). Se ha documentado la infrautilización de los optometristas como profesionales de la salud a la hora de proporcionar consejo anti-tabaco (Thompson 2007). A pesar de ello, parece que hay una buena predisposición por parte de estos profesionales para proporcionar información sobre las posibilidades para dejar de fumar y derivar a las unidades de deshabituación cuando lo consideren oportuno.

Los optometristas, como profesionales de atención médica primaria en salud ocular, podrían desempeñar un papel valioso en la educación de los pacientes sobre los riesgos de salud asociados al tabaco y promover el abandono del hábito de fumar. Cada cita optométrica brinda la oportunidad para que los optometristas aborden los peligros del consumo de tabaco, su impacto en la salud ocular y los beneficios de dejar de fumar. (Optometrists Association Australia, 2010).

Servicios de maternidad

Fumar tiene numerosos efectos sobre una madre y su hijo, disminuye la disponibilidad de oxígeno que llega al feto provocando un incremento del ritmo cardíaco, lo que aumenta la posibilidad de parto prematuro, bajo peso al nacer, aborto o muerte del neonato (Cnattingius 2004). Fumar también puede provocar síndrome de muerte súbita y una mayor incidencia de problemas respiratorios en el niño (Hunt 2001, Tager 1993). El 13% de las mujeres embarazadas fuman y sus hijos tienen una mayor probabilidad de convertirse en fumadores (Chan 2003).

Los servicios de maternidad pueden proporcionar consejo anti-tabaco a las mujeres fumadoras embarazadas o referirlas a las unidades de deshabituación. La terapia de sustitución nicotínica tiene un uso limitado a partir del primer trimestre (Kapur 2001), por lo que habitualmente se emplean más las estrategias de manejo de la conducta, que se ha observado que son útiles en las mujeres pero no así en sus parejas (de Vries 2006), lo que es un problema ya que se ha visto que los efectos del tabaco en el entorno provocan igualmente problemas de salud en la madre y en el feto (Leonardi-Bee 2011).

Cuidados secundarios

Los fumadores tienen un mayor riesgo de complicaciones postoperatorias cardiopulmonares o de cicatrización cuando se comparan con pacientes no fumadores (Bluman 1998), demostrándose una reducción en estas complicaciones cuando abandonan el tabaco entre 6 y 8 semanas antes de la intervención (Moller 2002). En los pacientes con cáncer de cabeza y cuello se ha demostrado que el abandono durante sólo las 3 semanas previas ya resulta beneficioso (Kuri 2005). Por tanto, el entorno de preparación preoperatorio es una oportunidad perfecta para proporcionar consejo anti-tabaco, advirtiendo de los potenciales riesgos postoperatorios en los fumadores.

El ingreso hospitalario puede ser útil para conseguir dejar de fumar, ya que obliga a una abstinencia temporal del tabaco y además el entorno hace consciente al individuo de las implicaciones del tabaco sobre la salud (Murray 2013). Una vez iniciado el consejo anti-tabaco durante la estancia en el hospital, el seguimiento y apoyo durante el siguiente mes, por ejemplo en las unidades de deshabituación, ha demostrado un incremento en el éxito de abandono del hábito (Rigotti 2012).

En definitiva, el consejo para ayudar a dejar de fumar debe realizarse cuando un fumador interactúa con alguno de los servicios nombrados.

CONCLUSIONES

En el Reino Unido existen unidades de deshabituación tabáquica con las que la población puede contactar a través de la página web “NHS Smokefree”. Las personas que contactan individualmente porque están buscando ayuda para dejar de fumar tienen más éxito a la hora de conseguir abandonarlo que aquéllos referidos por los profesionales sanitarios (Borland 2012). Esta página web proporciona:

– Información sobre el servicio local de deshabituación tabáquica.
– Un kit que se envía por correo postal, con una aplicación para teléfono móvil o un correo electrónico o información escrita para reforzar la motivación.
– Acceso a una página de Facebook en la que participan otros ex-fumadores que ofrecen ayuda en el intento de abandonar el tabaco
– Un número de teléfono gratuito para hablar con un consejero experto en deshabituación, que puede explicar las técnicas o enviar a una unidad de referencia.
– Un chat en una página web para aquéllos que no quieran hacer una llamada de teléfono.
– Visualizar las experiencias positivas de otras personas que han conseguido dejar de fumar, además de otros contenidos favorables sobre el abandono del tabaco.

Estos servicios son sumamente coste-efectivos, suponiendo 800 libras de media por vida salvada/año (Jarvis 2002), pudiendo decirse que las unidades de deshabituación de tabaco representan el modo más efectivo en el que el Sistema Nacional de Salud puede invertir el dinero (Stapleton 2001), pero desgraciadamente el número de usuarios decrece año tras año (Kmietowicz 2015). Esto podría deberse al aumento en la utilización de cigarrillos electrónicos, que los fumadores consideran un método seguro de liberación de nicotina, evitando así acudir a las unidades de ayuda (Hajek 2014), aunque todavía existan dudas sobre su inocuidad (Furber 2015). Sin embargo, su utilización en combinación con la ayuda proporcionada por las unidades especializadas supone una mayor probabilidad de éxito en el abandono del tabaco de forma definitiva (Fulton 2016). El uso a largo plazo de estos cigarrillos puede suponer riesgos pero hay que considerarlos como una posible estrategia de reducción del daño (Polosa 2013).

A pesar de toda la ayuda que puedan aportar las unidades de deshabituación, la clave para el éxito está en la motivación inicial de cada paciente (Kotz 2013). Como el nivel de motivación varía a lo largo del tiempo en que se intenta dejar de fumar (por ejemplo la situación económica puede forzar la necesidad de dejarlo), los profesionales de la salud deben permanecer siempre predispuestos a ofrecer consejo para asegurar así el mayor impacto posible sobre los potenciales fumadores dispuestos a dejarlo (Wiltshire 2003). El uso de las nuevas tecnologías, como las aplicaciones para teléfonos inteligentes, pueden ayudar a mantener la motivación y a enviar mensajes de refuerzo entre las citas de las unidades de ayuda especializadas. Sin embargo, como toda tecnología, tiene limitaciones y todavía deben hacerse mejoras en el contenido y la adherencia de los usuarios (Abroms 2013)

References

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